Son muchos años ya saliendo por la noche de Madrid. No te sorprendes por nada. Una de las pocas cosas que todavía me llaman la atención, es que cuando tenía 20 años, la mayoría de los gays y lesbianas que “percibías” y veías por la calle y en los bares eran mayores que yo. Era difícil salir del armario si eras muy joven. Ahora es justo al contrario, la mayoría son más jóvenes que yo. Mucho más jóvenes.
(Edit: quizá es que ya todos más jóvenes y sea hora de cambiar de hábitos nocturnos)
Basta con darse una vuelta por los callejones y plazas entre la calle Barquillo y la Plaza de Chueca para ver muchos grupos de chicos y chicas de 16-18 años, haciendo botellón, abiertamente homosexuales.
Es una zona segura para ellos, y me pregunto cómo será su día a día en el instituto. En mi época los chicos adolescentes con “pluma” que llamaban excesivamente la atención se refugiaban en amigas cercanas, y siempre estaban con chicas. De esta forma nadie podía meterse con ellos abiertamente, no fueras a perder la oportunidad de ligar. Las chicas lesbianas, no existían.
Todavía hoy en día, no sé quién era gay y quién no en mi clase.
Hoy en el New York Times, un artículo sobre los adolescentes que salen del armario en Estados Unidos.
All of this fluidity, confusion and experimentation can be understandably disorienting for parents and educators. Is an eighth grader who says he’s gay just experimenting? Could he change his mind in a week, as 13-year-olds routinely do with other identities — skater, prep, goth, jock — they try on for a while and then shed for another? And if sexuality is so fluid, should he really box himself in with a gay identity?
Criar hijos en un futuro será todavía más confuso de lo que ha sido siempre.